Ileana Ros Lehtinen: contra todas las banderas

Ileana Ros

Por Ramón Bernal Godoy.

En el habitual y mañanero vicio de consultar informaciones, chismes y mensajes que me aproximen al mundo en que vivo y al día en que amanezco, pensé imposible encontrar nuevos o peores absurdos de esas personas que caracterizadas por un ideal conservador y de derecha –cual no es un delito, sino un modo de pensar- pasaron desde hace mucho el límite de lo legal para mentir, manipular, desinformar y difamar sobre Cuba.

Pero nada es absoluto y debo reconocer que me apresuré, debí saber que cuando se trata de congresistas republicanos de origen cubano como Ileana Ros o ultraconservadores como Bob Goodlatte cualquier cosa es posible, incluido ir contra la esencia del ordenamiento jurídico y constitucional de la nación norteamericana para desacreditar o poner en problemas a su propio Gobierno.

Que Ileana Ros, Marcos Rubio, Bob Menéndez y Gododlatte soliciten explicaciones a la administración Obama para conocer los pormenores y razones por las que la esposa del héroe cubano Gerardo Hernández fue supuestamente inseminada en Panamá mientras este cumplía prisión, es algo tan bajo y sucio como el mundo de donde proceden estos personajes, es antiético e incluso anti- conservador.

¿A que se debe esta presión y esta nueva maniobra? Sin duda alguna se trata de un esfuerzo más por entorpecer la imagen de Obama y obstaculizar el proceso de restablecimiento de relaciones con Cuba, sin embargo en este particular estos señores van contra la propia Declaración de la Independencia, carta fundacional del país al que representan, donde los Padres Fundadores hablaron de derechos inalienables entre los que se encuentra “la Vida”, aplicable a los seres indefensos que estén todavía en el vientre de una madre, hablaron de respeto al prójimo y hablaron también de representar los intereses del pueblo y la nación norteamericana.

Ros y compañía, tal como hicieron en el caso de Elián González, lo olvidaron todo, desde a quienes se deben hasta el sentir mayoritario de una ciudadanía caracterizada por su apego a la familia, para de ese modo dar paso al odio visceral y los intereses de un grupo históricamente enriquecido por turbios negocios, “favores” de la CIA y la apropiación de fondos para una “Cuba libre”.

En lugar de preocuparse de cómo la diplomacia y la razón dieron espacio a la vida de una linda niña, Ros debería preguntarse porque cinco personas inocentes, con procesos penales cuestionados y desacreditados por los más importantes juristas y políticos a nivel mundial fueron separados del derecho a la libertad, debería preocuparse también de un aspecto llamado “responsabilidad civil” consistente en la obligación que recae sobre una persona o entidad de reparar el daño que ha causado a otro, en particular, por un acto antijurídico hacia otra persona, justo lo que los politiqueros de Miami, en contubernio con el FBI, la prensa, jueces y demás participantes en ese gran “complot” de 1998, arremetieron contra Gerardo, Antonio, René, Fernando y Ramón.

Pero el día es largo y debo continuar, ya superado mi vicio y casi desaparecida la mañana de hoy, me queda el aliciente que Ileana Ros y los ultraconservadores vinculados a esa mafia cubanoamerica y estadounidense continúan con éxito su empeño de hacer el ridículo ante el mundo y ante su propia opinión pública en una “pataleta irracional” que comienza a ir en contra de sus propios intereses electorales y a estorbar en un proceso de cambio que les sobrepasa en sobremanera.

Yo ellos comenzaría a preocuparme.

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